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sábado, 28 de noviembre de 2015

Varias empresas modifican sus precios del “Black Friday” de forma engañosa

Diversas empresas en España han utilizado el archiconocido “Black Friday” para aprovecharse de sus clientes modificando los precios a su antojo. Con un sencillo truco comercial, las empresas daban la impresión de haber rebajado los precios de sus productos cuando en realidad no.



El llamado “Black Friday” nació en Estados Unidos a finales de los años noventa como apodo para el inicio de la campaña de navidad, debido a la masividad de la afluencia en los centros comerciales que se forma el viernes después de la festividad de Thanksgiving (Acción de gracias). Con el tiempo, esta fecha se ha convertido en un día de rebajas para animar al consumo. Desde 2014, esta tradición americana se ha adoptado por muchas multinacionales españolas o con filiales en España con el mismo objetivo de incitar al consumo de cara a la campaña de navidad, aunque en nuestro país se dirige en especial hacia las compras por Internet.

Sin embargo, las empresas han parecido adoptar todos los aspectos del “Black Friday”, y han importado de igual manera la tradición de “inflar” los precios de los productos días antes de la festividad. Por las redes sociales circulan imágenes como esta, en la que se ve claramente la incremento en el precio de un producto y la no rebaja de otro, aunque el cartel indica lo contrario. (Fuente: www.asivaespana.com)




La OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) ya ha denunciado a una conocida cadena de distribución de electrodomésticos y electrónica por esta práctica fraudulenta a la vez que ha publicado en su página web una serie de consejos para evitar los timos del “Black Friday”.

Esta técnica, sin embargo, ya es conocida en nuestro país. Según un exempleado de la ya mencionada empresa de distribución, esta técnica viene siendo utilizada desde hace años, especialmente antes de algún tipo de promoción o día especial de descuentos en sus establecimientos. Otra exempleada de una famosa cadena de distribución de productos de bricolaje habló sobre una técnica parecida en la que, sencillamente, colocaban una pegatina de “rebajas” o “descuento” encima del precio original.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Parar

Me levanto por la mañana y lo primero que hago es encender el móvil, revisar mis Whatsapps por si hay algo importante y ponerme al día en las redes sociales. Miro Twitter superficialmente, mientras desayuno deprisa, porque si no lo hago llegaré tarde a la universidad.

Corriendo, cojo mi tren y me monto en los primeros asientos del vagón, para estar más cerca de la puerta y salir antes. A mi lado hay una treinteañera estudiando inglés empresarial. Al otro lado, un hombre de negocios contesta correos electrónicos uno tras otro. Enfrente, una mujer intenta conciliar el sueño. Parece algo normal dormirse en el tren a las siete de la mañana, pero esta escena se repite al mediodía y por la noche con cientos de personas. Eso ya no es tan normal.

El tren se para en Atocha y sufro varios empujones mientras bajo del vagón. La lucha por subir las escaleras mecánicas consiste en ir colándose poco a poco para ir de los primeros y correr hacia el andén. A través del corredor los ciudadanos caminan en direcciones distintas sin mirarse, sumidos en el yo y en la monotonía. Zombies. Cada uno llega a su sitio y espera, inmóvil. Sin sonreír o expresión alegre, profundamente serios.

Grises.

En el siguiente tren, mientras amanece, intento reflexionar el por qué de tanto desapasionamiento. Aunque yo también formo parte de ese entramado convencional, intento mirarlo desde fuera, y solo veo títeres de un gran sistema que nos maneja a su antojo y nos hace esclavos de una nueva droga: el dinero. La enfermedad del siglo XXI es la adicción al trabajo, provocada por un virus absurdo que nos hace confundir lo verdaderamente importante en nuestras vidas. Si no fuera por aquellos trozos de papel de colores cualquier ser humano se habría negado en rotundo a vender su tiempo a la rutina, engatusados tan solo con el hecho de tener más. Pero, ¿más de qué?

Por eso me ha sorprendido ver reflejado hoy, en Twitter, lo que venía pensando toda la semana, y que ciertamente me ha rondado por la cabeza muchas veces a lo largo de mi vida. Se trata de una serie de fotografías que imitan a la mensajería instantánea e ilustran muy bien lo que intento transmitiros, y que pretenden impulsar un movimiento llamado #MakeTimeForLife.






Os invito a deteneros un momento en medio de este caos y valorar lo realmente importante, aquello que nos hace sentirnos vivos, y no aquello que nos vuelve un poco menos hombres y más máquinas. Que trabajar es necesario, pero no lo primordial.

Porque a trabajar vamos todos los días, pero vida solo tenemos una.